Las grandes marcas de la cultura: los museos
El Museo del Prado es una de las instituciones más importantes de España y, para algunas personas, quizás sea la más importante. Se fundó en 1819, por lo que cumple doscientos años el año que viene, y desde su fundación se ha convertido en uno de los iconos del país. Parte importante de su patrimonio cultural se encuentra entre las cuatro paredes de esta institución.
Esta institución sigue contando con una gran fama después de dos siglos, pero sabe que no puede vivir de las rentas: por ello, tiene que adaptarse a los nuevos tiempos y crear una página estéticamente atractiva y que atraiga a los jóvenes. Ya no basta con crear un blog o un sitio web, sino que este tiene que adaptarse a las últimas tendencias.
El Museo del Prado consigue lograr esto, ya que su página tiene lo mejor de las nuevas modas y de las antiguas webs. Por una parte, es muy visual. Esto es muy importante, ya que se trata de una empresa pública que tiene el objetivo de difundir el arte pictórico, y no la literatura y la música. Por eso, no le hacen falta complejos carteles: utiliza las imágenes más poderosas a su disposición, es decir, los propios cuadros de su repertorio.
La página web permite pasar de una pintura a otra con el ratón, y cada una de estas obras representa una de las actividades que el museo llevará a cabo para este anticipado aniversario. Esto hace que pasar el cursor por la página sea una experiencia estética en sí misma, y no solo una forma de obtener información.
Por otra parte, no sigue la moda de introducir gran cantidad de ventanas o pestañas en la página web, lo que muchas veces distrae al lector y le impide concentrarse en lo que hace, resultando en ocasiones en el abandono de la página. Por el contrario, presenta el contenido de manera clara, con unas imágenes atractivas que no necesitan de artificios molestos para llamar la atención. Además, tras abandonar la presentación, debajo del todo, se puede observar la dirección del museo y su posición en Google Maps, lo que puede ayudar a identificarlo a un turista de dentro o fuera de España. Y esto es lo que nos debe llamar la atención: los turistas.
Cuando los turistas vuelvan a sus países después de haber estado en grandes capitales como Madrid o Londres, no solo hablarán de los edificios emblemáticos o de la gente que han encontrado, sino también de los museos. Y con razón, porque estos edificios no solo contienen piedras aburridas: contienen la historia de un país y, por lo tanto, ayuda a difundir su cultura. Por ejemplo, hablando del Museo del Prado, un inglés o un turista chino podría aprender sobre el linaje de los Austria a través de Las meninas.
Por eso, sedes como el Museo del Palacio de Pekín son muy importantes, y deben convertirse en marcas de la cultura global para contribuir al país y, en caso de las instituciones privadas, lucrarse. Este museo del que hablo, en la capital de China, se sitúa en el antiguo Palacio Real de este país. Antiguamente, los emperadores vivieron en este lugar y, por ello, no solo el contenido es importante: también el edificio es muy emblemático, y parte del patrimonio de China, el segundo más importante del mundo después de Italia.
Este museo, a pesar de su carácter histórico, introduce una tecnología muy moderna como la realidad virtual no inmersiva, que permite visitar desde España o desde cualquier lugar con Internet algunos de los espacios más emblemáticos de esta sede. Esto incluye tesoros de diversas dinastías y algunos provenientes del extranjero que, sin embargo, ya forman parte de la cultura china. Además, la página web de este importante museo incluye wallpapers que muestran las principales obras expuestas.
Sin embargo, a pesar estar situado en un edificio tan importante para la historia de China, este museo no es tan conocido como otros, y esto perjudica a la propia institución y también al país, indirectamente. ¿Por qué sucede esto? Porque, a pesar del gran esfuerzo que ha hecho el museo para mejorar la experiencia de las personas que accedan a su página web, hace poco para atraerlas. Por ejemplo, no hace un gran trabajo en las redes sociales para atraer al público occidental. Por eso, este museo no es una gran marca como el British Museum o el Museo Reina Sofía: además de crear un buen producto, y ellos lo tienen, hay que venderlo.
Tomamos como ejemplo de lo contrario al Metropolitan Museum of New York, que incluye arte procedente de diversas regiones del mundo. Esto le permite alcanzar a todo el mundo globalizado y, además, ya se ha convertido en un icono de su ciudad que aparece en series de televisión como Friends, y que es una de las visitas imprescindibles si se pasa una temporada en la ciudad que nunca duerme. Quizás el hecho de que la cultura audiovisual norteamericana llegue a todos contribuye a que sus museos sean conocidos en todo el mundo… pero estos hacen un esfuerzo para mantener esta fama, y de los que otras instituciones podrían aprender.
Por ejemplo, actualiza su Twitter de forma relativamente constante con sus pinturas más llamativas, no solo con las novedades. Esta estrategia le sirve al museo para algo muy importante: mantenerse siempre actual, y tener siempre algo con lo que atraer a los internautas curiosos que exploren hasta llegar a su cuenta de Twitter.
Este museo no tiene la historia del Palacio Imperial de China y, sin embargo, es mucho más popular. Por eso, los responsables de este museo y de muchos otros igual de fascinantes, tendrían que replantearse nuevas estrategias como el uso de las redes sociales o, por qué no, ceder sus terrenos para rodar una serie o para realizar iniciativas culturales que atraigan a mucha gente pero sigan teniendo un contenido genuino y original.
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