La ONL Amigos de la Tierra


Amigos de la Tierra España es una Organización No Lucrativa que forma parte de la federación internacional Friends of the Earth. La propiedad de este grupo está repartida entre las 75 organizaciones que forman parte de él, y que tienen el nombre de “amigos de la Tierra” en su mayoría. Su estructura es asamblearia, y sus miembros tienen voz y voto para escoger a los miembros del Comité Ejecutivo, además de a los coordinadores internacionales que aplican sus programas.
La asociación española, con sede en Madrid, define sus objetivos como la consecución de una sociedad que respete el medio ambiente y que se encamine al desarrollo sostenible de la economía. Junto a la organización internacional de la que depende, ha llevado a cabo protestas contra el uso excesivo de energías contaminantes como el petróleo. Por lo tanto, es una ONL con un fuerte componente comunicativo: como Gramsci antes que ellos, quiere cambiar las ideas para cambiar la realidad.
Friends of the Earth nació en 1969, de la mano de tres ecologistas: Donald Aitken, Gary Soucie y David Brower, un filántropo que formó parte de grupos tan prestigiosos como el pionero Sierra Club, y que fundó organizaciones para la conservación y el estudio del planeta Tierra. Entre estas se encuentran el Instituto John Muir de Estudios Medioambientales o el Earth Island Institute, que busca asesorar fiscalmente a a Organizaciones No Lucrativas.
Brower se distanció de sus socios en el Sierra Club, una organización que llevaba realizando iniciativas medioambientales desde el siglo XIX pero del que el fundador de Friends of the Earth acabó distanciándose por respaldar la creación de una central nuclear a cambio de que esta cambiara su localización. Entonces, con otros dos colegas, creó la organización que hoy conocemos.
Esta empezó a expandirse internacionalmente a partir de 1971, y llegó a España en 1979, cuando la Transición empezó a abrir las posibilidades de integrar estos proyectos. Esta organización está integrada dentro de Amigos de la Tierra Europa, con sede en Bruselas, y que ha sido pionera a la hora de introducir iniciativas medioambientales en la Unión Europea.
Según los Amigos de la Tierra, su misión es crear una sociedad respetuosa con el medio ambiente y que pueda desarrollarse sosteniblemente en el futuro. Sin embargo, esto se complementa con unos valores añadidos que, aunque no forman parte de su actividad principal, sí ayudan a su organización interna. Por ejemplo, declaran que están comprometidos con la igualdad de género y, por eso, tratan de aplicar estos criterios a la hora de seleccionar a sus trabajadores y dirigentes.
Esto se ve en su Junta Directiva, compuesta por cuatro mujeres y dos hombres. Estos seis directivos son el presidente David Sánchez Carpio, que lleva en la organización desde el 2004. Su secretaria general es María Fernández Núñez, especializada en hábitos de consumo sostenibles. Sandy Hemingway, la tesorera, tiene una amplia experiencia desde los años 60. Víctor Barrio Casal, el vocal, ha trabajado como educador medioambiental. Victoria Achútegui Suárez, otra vocal, comenzó como técnica de comunicación. María Barco Antoñanzas es presidenta de Juventud.
En esta junta directiva destaca la juventud de la mayoría de los miembros, lo que sirve para transmitir una imagen fresca e inclusiva que atraiga a los jóvenes: los movimientos ecologistas dependen mucho de su popularidad en su juventud, y una organización que se dedica principalmente a la comunicación sabe que un buen exterior es necesario para transmitir el mensaje.
Porque, aunque esta organización lleve a cabo actividades como recogida de residuos, su función principal es comunicar para conseguir el cambio. Para ello, han puesto en marcha protestas como las manifestaciones contra el acuerdo TTIP, en coordinación con la matriz europea. Además, como puede comprobarse en sus memorias de los años anteriores, se ponen en contacto con los distintos gobiernos para exigir medidas medioambientales como un punto de recogida de plásticos.
Su relación con las instituciones como Bruselas es muy estrecha: por ello, el 84% de sus ingresos proviene de organismos públicos en calidad de subvenciones, según su última Memoria Anual. Entre las instituciones que respaldan su actividad se encuentra el Estado español, a través de ministerios como el de Agricultura y Medio Ambiente, el ayuntamiento de Zaragoza y la Unión Europea.
En cuanto a las donaciones particulares, la organización sostiene que no acepta donativos de multinacionales tratando de lavar su imagen, si estas no son realmente respetuosas con el medio ambiente.
Por último, hablemos de su capacidad de comunicación: una organización como esta debería conseguir extender su actividad, ya que está especializada en ello, pero tiene algunos fallos muy evidentes. Por ejemplo, aunque su página web es clara, no es muy atractiva, y a veces parece desfasada. Sus redes sociales, aunque se actualizan muy a menudo, no han tenido mucho éxito, ya que apenas tienen mil seguidores.
Aun así, tiene éxito a la hora de influir en las políticas europeas junto a otro número de asociaciones: esto demuestra que sus esfuerzos de comunicación están más enfocados a los resultados reales que a darse a conocer.

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